La magia de la vida

 

Magia de paisaje

 

Escribe tu propia canción, para que la puedas cantar con alegría y entusiasmo. Para otros, no será más que una canción, pero para ti será la melodía de tu propia alma; será la expresión sonora de tu ser, vibrando al compás del perpetuo fluir del universo, donde nada se detiene ni se estanca, sino que todo está en continuo movimiento y en constante expansión. Tu canción será como el sonido de un rumor lejano, que luego se irá expandiendo hasta convertirse en un coro de mil voces, que llenará cada recodo de tu existencia de placentera quietud.

Tan pronto puedas, planta tu propio árbol y ayúdalo a crecer bajo tu esmerada atención, y después, cuando vengan los años en que te veas protegido bajo su cariñosa y agradecida sombra, te sentirás satisfecho de disfrutar del árbol que plantaste; también sentirás alegría al saber, que sin darte cuenta, tu has sido ayudante del artífice del universo en el proceso milagroso de la magia de la vida.

En vez de escribir de otrocasitas, escribe tu propia historia, haciendo de tu vida una aventura cotidiana. No te cobijes en méritos ajenos. Sé tú el protagonista. En vez de pelear contra molinos de viento, conviértete en mode rno quijote para luchar contra la adversidad repentina y enfrentar los retos cotidianos; que la luz de la aurora te sorprenda sonriente y agradecido por el nuevo día, y que al llegar la noche te sientas satisfecho de los afanes del día.

Vive a plenitud tu existencia. Contagia de entusiasmo a cuantos te rodean. Sonríele a la vida y ella te devolverá con creces tu sonrisa. Cuando las circunstancias de la vida traten de hundir tu frágil embarcación, mantén tu rostro sereno, con la dignidad de un gran timonel, y aunque una sonrisa no pueda aflorar a tu exterior, mantente en tu interior radiante, asido a la esperanza de un mundo mejor.

Entonces, cuando los años hayan transcurrido, mirarás hacia atrás y te darás cuenta que tu paso por este plano de existencia no ha sido en vano. Podrás cantar tu canción preferida, nacida de tu alma, la cual te dio paz en tus momentos aciagos y podrás disfrutar de sombra y solaz debajo de tu árbol, que un día plantaste con tanto cariño y entusiasmo. Habrás aprendido el arte de vivir, y sobre todo, que eres parte del universo, aunque seas una minúscula partícula de polvo sideral.

José Núñez

25 de enero de 1995

República Dominicana

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